Dicen que fue conminado a renunciar a su cargo; el muchacho, sin embargo, demostró ser “de cuidado”. Y se quedó abroquelado desafiándolos al ruedo, sin comulgar con el miedo y blandiendo su autarquía, mandó un mensaje a “la tía”: aquí estoy y aquí me quedo. De los siete mil millones que Martincito Redrado debió haber [...]

