
Dicen que fue conminado
a renunciar a su cargo;
el muchacho, sin embargo,
demostró ser “de cuidado”.
Y se quedó abroquelado
desafiándolos al ruedo,
sin comulgar con el miedo
y blandiendo su autarquía,
mandó un mensaje a “la tía”:
aquí estoy y aquí me quedo.
De los siete mil millones
que Martincito Redrado
debió haber desembolsado,
dijo: Por ahora, nones.
Y desde las contorsiones
que provoca su rechazo,
le quieren torcer el brazo
pero el punto, nada gil,
sigue firme en su carril
y mandó a mezclar el mazo.
Con la bronca que lo embarga
en su presente acotado,
es de pensar que Redrado
quiere acomodar la carga.
A la corta o a la larga
tendrá que morder el freno;
y mientras rechace el seno
de la sagrada familia,
en esta triste vigilia
ninguno le apuesta un pleno.
Mientras Martín en capilla
deshoja su margarita,
y Mario Blejer medita
casi alineado en la grilla,
yo cavilo en la buhardilla
-esta especie de cubierta
de mi embarcación abierta
al desatado huracán-:
A qué bolsillos irán
los mangos de esta reyerta?
Mario Rojman
Payador Urbano