Ramón, un ciudadano que siempre fue muy servicial y educado, iba caminando por la calle cuando, de repente, cayó al suelo debido a un ataque al corazón y murió. Como toda buena persona, Ramón fue al cielo. Al llegar le abrió la puerta San Pedro y le dijo:
-Bienvenido seas, hijo.
Ramón le dijo a San Pedro:
-Oye, Pedro, yo no debería estar aquí todavía.
-¿Por qué, hijo mío?
-No estoy preparado. Dejé a mi familia en mal estado y quisiera arreglar eso antes de venir. Por lo tanto, te pido que me dejes regresar a casa.
-Puedes regresar, pero únicamente convertido en un animal doméstico.
Ramón se quedó pensativo unos segundos y dijo:
-Está bien, regresaré en forma de gallina, ya que en mi casa tengo muchas gallinas.
Llegó a su casa convertido en una hermosa gallina de plumas blancas. Al caer en el gallinero, las otras gallinas quedaron asombradas y se le acercaron, formando un círculo, diciendo cosas muy bonitas de la gallina recién llegada. Como en todos los lugares, había una gallina envidiosa, que dijo:
-Tienen razón, esta gallina es muy bonita, pero es muy probable que no pueda poner huevos.
Ramón quedó asombrado en el momento en que todas las gallinas empezaron a gritar:
-¡Que ponga un huevo! ¡Que ponga un huevo!
Ramón, asustado, empezó a empujar, hasta que finalmente consiguió poner un huevo. Todas las gallinas gritaron entonces:
-¡Que ponga otro! ¡Que ponga otro!
Ramón, emocionado, siguió empujando hasta poner otro huevo. Las gallinas gritaron nuevamente:
-¡Que ponga otro! ¡Que ponga otro!
De repente, llegó la esposa de Ramón y le dijo:
-¡Ramón, joder, despiértate! ¡Te estás cagando en la cama!